Viajes: Sol, arena y mar: una vuelta por Choroní

Una hermosa postal

Hace algunos años sonó mucho en la radio venezolana una agrupación local llamada «Circo Urbano» quienes pegaron un par de canciones, la más emblemática de ellas llamada Muerto en Choroní. Para aquellos que no lo saben, Choroní es una playa ubicada en tierras venezolanas, específicamente en el Estado Aragua, a un par de horas de Maracay, su capital. La canción decía «yo mejor me voy, me largo de aquí / me van a encontrar muerto en Choroní» y yo que no conocía aún el lugar, pensaba ¿cuán bonito debe ser un lugar como para querer ir a morirse allí?

El contraste

Hace un par de años tuve la oportunidad de visitar Choroní y entendí el por qué de la canción. Para llegar a la playa hay que atravesar el Parque Nacional Henri Pittier, una zona montañosa y elevada, con neblina y mucha humedad, lo que se me hizo inusual porque estaba acostumbrado a ir a la playa por carreteras planas y soleadas. Pero cuando comienza el descenso de la montaña, el clima se va acomodando y comenzamos a oler el salitre en el aire. El contraste, mas bien el complemento, entre playa y montaña es palpable y vistoso, creando imágenes como la fotografía que se muestra con las palmeras al frente y la montaña al fondo, algo que no había visto hasta entonces.

Playa y montaña

La playa es un paisaje increíble. La arena es clara y limpia, sin residuos, ni conchas marinas, ni piedras. Pero es caliente. Muy caliente. Así que recomiendo no caminar descalzo por la orilla, a menos que sea muy temprano en la mañana o cuando cae la tarde y el sol ya ha disminuido su intensidad. Sobra decir que traten de mantenerse en la sombra durante el mediodía y usen un buen protector solar. En lo que respecta al agua, es clara, con un azul verdoso paradisíaco y con unas olas no muy altas, pero sí muy fuertes. Es recomendable mantener a los niños bastante cerca de la orilla y aconsejar precaución a los jóvenes y adultos que deseen ir un poco más lejos.

Una hermosa vista, ¿cierto?

Como en cualquier playa venezolana, no faltan en Choroní los vendedores ambulantes que ofrecen productos marinos, conservas de coco, agua, cervezas y por supuesto, el impelable helado en concha de coco que está hecho para la playa, sin duda alguna. El plan perfecto: llegar temprano y disfrutar de la arena y la playa antes de que el sol sea más intenso, en cuyo momento pueden leer un libro, comerse un helado, escuchar la música de Rawayana, o dormitar a la sombra escuchando el sonido de las olas. Después de las 3:00 pm pueden darse un nuevo chapuzón antes de preparar el regreso a la ciudad. Playero venezolano que se respete debe conocer Choroní, de donde puede preparar visitas a otros lugares cercanos como Chuao o Puerto Escondido, cuyo nombre suena a un hermoso secreto compartido sólo por lo que han estado allí. Volviendo a la canción de Circo Urbano, tomo prestado su primer verso: «Me voy pa’ la playa».

Reseñado por Cristian Caicedo

Deja un comentario