Viajes: en la tierra del cafe.

Ya puedo tachar esto de mi bucket list

No tengo por costumbre tomar café a diario como muchos venezolanos. De hecho, pocas veces tomo café en casa, a pesar de que me gusta su sabor. Pero, aunque parezca contradictorio, me gusta salir a tomarme un buen café y leer un libro. Sentarme un rato a degustar una bebida caliente (café o chocolate) mientras paso las páginas de una novela, es uno de los momentos que más disfruto, sobre todo cuando salgo de viaje y ese instante representa un contacto con un nuevo lugar.

Por la ciudad

Hace algunas semanas estuve en Cúcuta, la primera ciudad en territorio colombiano que uno encuentra al salir de Venezuela por el puente Simón Bolívar en San Antonio del Táchira. Conocía la ciudad, pero me costó reconocerla. Los veinte años transcurridos desde mi última visita han renovado el rostro de la ciudad fronteriza que ahora es casi una metrópoli en muchos aspectos. Mi viaje no fue exactamente un viaje de placer (tenía algunos asuntos que atender), pero caminando por las calles y avenidas del centro, descubrí algunas plazas muy bonitas, centros comerciales modernos y en uno de ellos, encontré la oportunidad de tildar uno de los elementos de mi bucket list: tomarme un café Juan Valdez.


Estar en Colombia y no tomarse un café es como estar en Nueva York y no pasear por Times Square o ir a Nápoles y no comer pizza. Marcas de café y cafeterías hay muchas, pero Juan Valdez hay una sola. Esta compañía existe desde hace sesenta años, pero su franquicia de cafeterías inició apenas en 2004, con tal éxito que hoy día es posible encontrarla en lugares tan lejanos como Berlín, Seúl y hasta Kuala Lumpur, por no mencionar ciudades importantes de este continente (Santiago, Quito, Lima, entre otras). Con una carta tan amplia como la que puede tener un lugar así, finalmente opté por un Capuchino de vainilla con crema chantilly, espolvoreado con cacao y canela, acompañado de una ración de torta de banana y las aventuras de Ulises Lima y Arturo Belano en Los detectives salvajes.

Un café y un libro

Una de las apariciones más recordadas de esta marca es su intervención en la película Bruce almighty de Jim Carrey, en la que Bruce Nolan, quien en ese momento tiene los poderes de Dios, pide un café y por su ventana aparece el personaje de Juan Valdez (y su mula Conchita) como queriendo decir «este es un café digno de Dios». Si Dios toma café, o no, no lo sé, pero efectivamente el Capuchino que me tomé estaba delicioso. A pesar de ser un café claro (en Venezuela le decimos así a los cafés que tienen leche) el sabor del grano era bastante fuerte. El toque de dulce era perfecto y la crema chantilly estaba en su punto, por lo que creo que la bebida estuvo a la altura de la reputación de la franquicia. Así que, ya lo saben, cuando estén de paso por la hermana república, no pierdan la oportunidad de tomarse un buen café (puede ser de otra marca, siempre y cuando sea auténtico café colombiano) y – esto es para mis paisanos – aprovechen la oportunidad cuando estén de paso por Cúcuta, porque aunque pueden tomarse un Juan Valdez también en Aruba, México, España y Estados Unidos, nunca sabrá mejor que en el país cafetero por ser su casa.

Reseñado por Cristian Caicedo

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