The wolf hour (Película): una historia de aislamiento y violencia

Se estrenó el pasado mes de Enero en el Sundance Film Festival

Naomi Watts es un rostro familiar para los cinéfilos. La recordamos por sus papeles en Birdman, King Kong, Mulholland Drive, The impossible, aquella película dramática sobre la experiencia vivida por una familia durante el Tsunami en Tailandia en 2004 y que le valió una nominación al Oscar, pero sobre todo la recordamos por haber protagonizado The Ring (y su secuela). Con más de treinta años de carrera, son muchas las participaciones de Watts en la gran pantalla (y en la TV), pero tenía algún tiempo sin verla, hasta que supe de esta película y decidí ver qué había estado haciendo últimamente.

The wolf hour no debe confundirse ni relacionarse con The hour of the wolf, aquella famosa película del director sueco Ingmar Bergman, a pesar de que la traducción de ambos títulos al español sea la misma. Esta cinta de 2019 escrita y dirigida por Alistair Banks Griffin, cuenta la historia de June E. Leigh (Naomi Watts) una mujer que vive sola en un apartamento ubicado en el peligroso barrio del Bronx en Nueva York. La trama transcurre en medio del caluroso verano de 1977, conocido como el famoso Verano de Sam por un asesino en serie que azotó la ciudad durante ese año perpetrando varios incidentes y víctimas mortales y que se hacía llamar El hijo de Sam. Sin embargo, este asesino no participa directamente en la trama, es parte del marco dentro del cual se desarrolla la historia de June.

Debido a las elevadas temperaturas en la calle, las autoridades recomiendan a los ciudadanos que no salgan de casa o que se mantengan a la sombra. Sin embargo, June tiene otras razones para su voluntaria reclusión. A medida que avanaza la trama, descubrimos que Juen E. Leigh fue una vez una figura conocida de la contracultura y que escribió un libro, con alto contenido autobiográfico, que provocó la censura y el rechazo de sus familiares y que trajo consecuencias negativas, como la muerte de su padre. Pero su presente es menos agradable: el departamento es un caos, decenas de libros puestos en cualquier parte, un refrigerador bastante vacío, incluso tiene bolsas de basura allí adentro que intenta bajar por la ventana usando una soga, porque June no puede (¿o no quiere?) dejar el apartamento.

La agorafobia de June, ese temor obsesivo ante los espacios abiertos o descubiertos, la paralizan una vez que traspasa la puerta de su vivienda. Es por ello que no sale, pide a la tienda de víveres que le envíen sus compras y el contacto que June tiene con el mundo exterior se produce a través de tres vías: el teléfono (con Margot, ¿amiga? ¿ex novia? Y con su editora Francesca), las visitas del exterior (Margot viene a verla; Freddie, el mensajero que le lleva los víveres de la tienda del Sr. Enrique; un policía que la visita una vez ante una llamada que hace al 911 y Billy, un gigoló que contrata por teléfono), pero principalmente, su ventana. A través de ella, June ve su calle (poco más) y es testigo de la creciente violencia que se va apoderando de las calles. La combinación de los asesinatos del Hijo de Sam, la ola de calor, algunos incendios que se han provocado, van aumentando la presión en la atmósfera que parece una olla a punto de estallar.

En medio de ese encierro y ante la necesidad de conseguir algo de dinero, June llama a su editora para pedirle el resto del adelanto sobre su nueva novela, pero han pasado cuatro años y June no ha escrito una sola línea, así que ese adelanto le es negado hasta que entregue al menos un borrador. Después de mucho vagar e intentar quebrar su bloqueo, June empieza a escribir obsesivamente hasta terminar su novela. Poco más sucede en la trama que, evidentemente, adolece de un guión defectuoso. La película es lenta y sólo consigue uno verla hasta el final por la excelente actuación de Naomi Watts que interpreta muy bien a esta escritora trastornada recluida voluntariamente.
Algunos elementos del guión fueron desaprovechados, o no fueron trabajados claramente. Como las constantes llamadas a su timbre seguidas de silencio que provocaban tensión al inicio (¿eran alucinaciones?) pero que luego se volvieron un fastidio (otros también las oían) y finalmente se diluyeron en la nada. Sin embargo, hay que destacar tres aspectos, relacionados entre sí. El primero de ellos es la fotografía. Colores fríos y muchas sombras en el interior del inmueble (en el que transcurre casi la totalidad de la película) y plena luz en las escenas diurnas que contempla June a través de su ventana, sirven para ayudar a crear exitosamente una atmósfera de encierro, de nervioso aislamiento y durante buena parte, tensión. Es una cinta no recomendada para los claustrofóbicos. Por otro lado, hay cuadros, tomas muy bien pensadas y ejecutadas que le dan cierto toque artístico a algunas escenas, como la escena inicial que, después de un primer plano de la cara de June, muestra la enorme fachada del edificio que habita y la cámara se va acercando lentamente a su ventana:

La secuencia inicial

El otro punto a destacar es la introducción del elemento metaficcional. Al final de la cinta, vemos a June conceder una entrevista sobre su nuevo libro, Season in the abyss (Temporada en el abismo), la novela que le hemos visto escribir. El entrevistador menciona el aislamiento de la autora y luego le pregunta si la novela es autobiográfica, a lo que June esboza una misteriosa sonrisa, justo cuando acaba la cinta, propiciando preguntas, ¿la película que acabamos de ver es, en realidad, la novela que escribió? ¿o toda la historia ocurre sólo dentro de la imaginación de una mujer trastornada que nunca salió de su edificio?

Esta duda final deja un regusto agradable y atrayente, después de una cinta no muy consistente. Si tienen algún tipo de fijación con Naomi Watts o les encanta verla en pantalla, pueden ver esta cinta en la que sin duda su presencia es lo más notable y la salva de ser un fracaso mayor; de hecho, mis 6/10 puntos son casi todos para ella. Pero de lo contrario, no empleen su tiempo en ver The wolf hour. La idea original que, creo, era la de crear un film con pocos recursos (sin efectos, elenco reducido, pocas locaciones) que emanara tensión y mantuviera al espectador encerrado en su atmósfera durante noventa minutos, se perdió en algún punto del camino. Para ver una buena película que maneje escasos recursos de forma efectiva, vean la película danesa The guilty del año pasado. En resumen, no recomendaría ver The wolf hour, habiendo tantas películas buenas por ahí, pero tampoco es lo peor que he visto. La decisión es suya.

Reseñado por Cristian Caicedo

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