Shadowlands (Película): el luto del amor

Está basada en una historia real

Clive Staples Lewis, conocido como C.S. Lewis, es uno de los nombres más reconocidos de la literatura fantástica, pero cultivó los más diversos géneros, desde la crítica literaria hasta las conferencias y apologías del cristianismo. Su obra más famosa es la aclamada saga fantástica de Las crónicas de Narnia, obligada referencia en el género y adaptada al cine (varios de sus libros). En 1952, con más de medio siglo de vida, Lewis conoció a la poetisa norteamericana Helen Joy Davidson Gresham. Ella era católica, divorciada y comunista; él era anglicano, soltero y literato. Se conocían poco, por correspondencia, pero de ese encuentro en persona surgió una historia de amor, madura, intensa y desafortunadamente breve porque Helen enfermó de cáncer y murió, dejando a Lewis sumido en el dolor. Tras esa devastadora experiencia, Lewis escribió el libro Una pena en observación.

Aunque se ha dicho que la película Shadowlands está basada en esas memorias de Lewis, la verdad es que no es cierto. Esta producción fue precedida por una producción de la BBC, escrita por Norman Stone y William Nicholson, y por una obra de teatro posterior escrita por el segundo. Ambas, se basaron mayormente en el libro Lenten Lands escrito por uno de los hijos de Joy, Douglas Gresham y Shadowlands: The Story of C.S. Lewis and Joy Davidman, el libro de de Brian Sibley. A grandes rasgos, la cinta cuenta la historia entre C.S. Lewis (Anthony Hopkins), un erudito profesor de literatura en Oxford y escritor célebre, soltero, que vive con su hermano, llevando una vida programada, apacible, austera en muchos sentidos, concentrado en la enseñanza y los libros, hasta que un día, una mujer irrumpe en su vida como un torbellino. Se trata de Helen Joy Gresham (Debra Winger), a quien llaman Joy, una poetisa estadounidense divorciada y gran admiradora de Lewis, que está de viaje por Inglaterra con su hijo Douglas y desea fervientemente conocerlo en persona.

Sin embargo, no se trata de una fan enamorada, ni mucho menos. Si bien es cierto que admira la obra de Lewis, al conocerlo, Joy pronto se muestra desafiante e incisiva frente al comportamiento y las ideas del escritor, quien de pronto se ve sacudido por la actitud de esta mujer que se atreve a desafiarlo. Sus conversaciones e intercambios comienzan a ser cada vez más frecuentes e interesantes, porque aunque constantemente lo cuestiona, la verdad es que Joy logra ver a Lewis en su esencia y no como esa imagen que los demás, él mismo, tienen de de él. Luego, lo que comienza como una atracción intelectual, se revela como un sentimiento más profundo en el momento en que la tragedia se ciñe sobre sus cabezas: Joy es diagnosticada con cáncer y le quedan pocas semanas de vida.

Anthony Hopkins como C.S. Lewis

Al inicio de la película habíamos visto a Lewis pronunciar conferencias y charlas sobre el dolor. «La ofrenda del sacrificio es un regalo de Dios», dice en una escena. En otra, pronuncia Dios quiere que amemos, seamos amados y maduremos. No que seamos felices» y habla de Dios como un escultor que, cincel en mano, talla la piedra que somos para revelar nuestra esencia y nuestra personalidad. El cincel es el dolor y el resultado de esa talla es quienes somos. Todas estas palabras hacen eco en su mente y en la de los espectadores cuando el erudito y calmado escritor es forzado a probar la realidad contenida en ellas. Ante la inminencia de perder a la mujer que ama y que ha encontrado hace poco, ¿es posible aceptar ese dolor fácilmente? ¿verlo como parte de un plan divino? ¿se sostendrá su fe tras esta férrea prueba? Después de lo inevitable, Lewis dice «La experiencia es una maestra cruel. Pero aprenderás».

Es una historia que habla del amor, la fe, la honestidad, el dolor, la resignación ante lo inevitable, pero sobre todo de aprovechar cada instante de la vida y no dar nada por sentado. En una escena, Lewis conversa con un alumno, cuyo padre acaba de fallecer y ante la confesión del estudiante de que amaba mucho a su padre, el escritor le pregunta «¿Él lo sabía?». Porque amarlo no habría sido suficiente, su padre merecía saberlo, escucharlo de sus labios, no sólo inferirlo o sobre entenderlo por su condición de hijo y creo que esa es una de las lecciones más valiosas de la película. Bajo la excelente dirección de Richard Attenborough (Chaplin, Gandhi), el excelente guión de William Nicholson y las impecables actuaciones de la pareja protagonista, este drama se convierte en una de las películas más memorables de las últimas décadas y una de las mejores historias de amor entre personas de edad avanzada (otra es The bridges of Madison County son Meryl Streep y Clint Eastwood) y aunque puede ser algo lenta en algunas partes, invita a duras pero sustanciales reflexiones sobre la vida, la muerte y el amor. Con 7,5/10 puntos, es una opción recomendable para los amantes del buen cine, de los dramas, las películas románticas y las biopics. Que la disfruten.

Reseñado por Cristian Caicedo

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