Nocturno de Chile (Libro): la metáfora de un país infernal

Una de las últimas novelas de Roberto Bolaño

Después de haber saltado a la fama internacional con su novela Los detectives salvajes y haber publicado una especie de spin-off de la misma (la novela Amuleto), el escritor chileno Roberto Bolaño publicó la que sería su séptima novela: Nocturno de Chile.

La historia de la novela es contada por su protagonista, Sebastián Urrutia Lacroix, un sacerdote del Opus Dei de más de cincuenta años de edad (aunque no se especifica cuántos), con ancestros vascos y madre francesa, quien entró al seminario a los catorce años y que, tumbado en una cama, se siente agonizar:

“Ahora me muero, pero tengo muchas cosas que decir todavía”

De acuerdo a Urrutia Lacroix, “Uno tiene la obligación moral de ser responsable de sus actos y también de sus palabras e incluso de sus silencios”, razón por la cual se dispone en su última noche, o lo que parece que será su última noche, a relatar su vida, diciéndose: “rebuscaré en el rincón de los recuerdos aquellos actos que me justifican”.

A diferencia de los demás libros de Bolaño, esta novela no está estructurada por capítulos y apenas tiene un único punto y aparte, justo al final, con lo que todo el libro es un único bloque narrativo, pese a lo cual puede dividirse en cuatro partes, de acuerdo a los hechos narrados. En la primera parte cuenta cómo conoció a Farewell (el alias de González Lamarca), un célebre crítico literario a quien admira y quien lo invita a su fundo. Según palabras del protagonista, la casa de Farewell era un puerto en donde se refugiaban “todas las embarcaciones literarias de la patria”, entre ellos Pablo Neruda, quien también aparece en la novela. Durante esa época, Urrutia Lacroix empezó a trabajar en la universidad católica y a publicar poemas propios y crítica literaria, para la cual decidió usar un seudónimo: H. Ibacache (nombre que aparece en Estrella distante).

La segunda parte de su historia está marcada por el encuentro con Oido y Odeim, encargados de un negocio de exportación e importación, quienes lo seleccionan para una beca de la casa de estudios del arzobispado sobre la conservación de iglesias y con ese motivo es enviado a Europa. Esta parte se me hizo un tanto aburrida; sin embargo, tras culminar el libro, encontré que los halcones que usan los sacerdotes europeos visitados por Sebastián para ahuyentar las palomas, son un simbolismo de los Halcones, un grupo paramilitar y represivo que funcionó en México entre 1966 y 1971, del cual no tenía conocimiento. La misma pareja, Oido y Odeim, luego le consiguen un nuevo trabajo: dar clases de marxismo a Pinochet y a sus oficiales.

“Chile, Chile. ¿Cómo has podido cambiar tanto?” se pregunta Urrutia Lacroix. Allende ganó las elecciones pero fue derrocado al poco tiempo, Neruda ha muerto, Pinochet se alza con el poder… el paisaje del país se transforma y dentro de este nuevo orden, su labor requerida (las clases de marxismo sobre Harnecker, Marx, Engels) tiene la finalidad, en palabras del dictador, de “comprender a los enemigos de Chile, para saber cómo piensan, para imaginar hasta dónde están dispuestos a llegar”. Después de haber cumplido con su tarea, el sacerdote pasa a relatar sus encuentros con María Canales, una escritora y anfitriona ejemplar, con una casa en las afueras de la ciudad que se utiliza como sede de veladas culturales en las que lo más alto de la sociedad chilena habla de literatura, teatro, poesía, música, pintura, entre otras cosas. Una noche, tiempo después, un invitado se pierde en el sótano de la casa y tras deambular por los pasillos, encuentra a un hombre casi muerto, atado a una cama metálica. Los rumores se riegan y al caer la dictadura, se descubre que el esposo de María era un agente norteamericano de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) que usaba su sótano como centro de interrogatorios, como ocurrió en realidad con varios casos, entre ellos los contados en la película Colonia Dignidad, con Emma Watson, Daniel Brühl y Michael Nyqvist.

Esta última parte de la historia es la que, para mí, refleja mejor el espíritu de la novela. Los temblores, el terror debajo de la normalidad, el toque de queda, el autoritarismo, conforman el retrato de un país, una sociedad y una época sombría, violenta, secreta, oculta a plena vista, en las que no sólo hubo muchos perpetradores de crímenes, sino también cómplices (el mismo Urrutia Lacroix es cómplice, por omisión y por su silencio). La escena de una danza que evoca El séptimo sello de Ingmar Bergman; un cuadro llamado Paisaje de la Ciudad de México una hora antes del amanecer que parece “un altar de sacrificios humanos” y que evoca, junto a la masacre de Tlatelolco, su novela inmediatamente anterior Amuleto; la muerte de la poesía (Neruda) y de la crítica (Farewell); el nombre de este último (Farewell = Adiós) y de Oido y Oidem (Odio y Miedo al revés), ayudan a reforzar las palabras del mismísimo Bolaño que dijo sobre este libro:

«Nocturno de Chile es la metáfora de un país infernal, entre otras cosas.»

Algunos títulos de Roberto Bolaño

A la historia central, la de Urrutia Lacroix, se le agregan otras historias menores, como la historia del zapatero austrohúngaro y la colina de los héroes en Hindelberg, relatos de pequeñas vivencias de algunos Papas, la historia entre Salvador Reyes y Ernest Jünger, todas con algún reflejo que ayuda a entender mejor la narración principal. La relación con Amuleto además de la forma, está en el tipo de narración. El sacerdote de esta novela está agonizando y su historia parece más coherente que la pesadilla relatada por Auxilio Lacouture en aquella otra, pero ambas son una especie de confesión, de catarsis ante el paso, o el cese, del tiempo, bajo cuya superficie se esconde el terror.

Cerca del final, el protagonista cree que aún vivirá un poco más, “Si las aguas fueran turbulentas yo sabría que la muerte está cerca”, pero pronto su destino queda claro: «Y entonces pasan a una velocidad de vértigo los rostros que admiré, los rostros que amé, odié, envidie, desprecié. Los rostros que protegí, los que ataqué, los rostros de los que me defendí, los que busqué vanamente». Con esas palabras, Bolaño resume esa evocación final que ha acontecido esa última noche, tras las cual «…después se desata la tormenta.»

Se trata de una novela que se va poniendo mejor a medida que avanza. Disfruté más la segunda mitad que la primera; sin embargo, puede leerse de un tirón y sentir cómo se va tejiendo la configuración de un futuro, de un país, bajo la mirada ausente de todos los presentes. Alabada por la escritora Susan Sontag, Nocturno de Chile está considerada un referente literario de la contemporaneidad latinoamericana y una de las obras imprescindibles de su autor. Culmino con una de las frases que más me gustó de la novela y que invita a la reflexión:

“¿Sabe un hombre, siempre, lo que está bien y lo que está mal?”

Reseñado por Cristian Caicedo

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