Reloj (Poema Original): pedirle un deseo al tiempo.

¿Recuerdan algún momento de sus vidas en el que quisieran vivir para siempre?

Magnitud, artificio, o medida, el tiempo ha sido uno de los conceptos más estudiados por escritores, filósofos, físicos y por supuesto, poetas. La relatividad del tiempo, desde el punto de vista emocional, es esa variación que se percibe en su paso de forma inversamente proporcional a los deseos de su transcurrir. ¿Acaso no se hacen eternas las tardes llenas de tedio, de tristeza y de dolor? y al contrario ¿acaso los momentos más felices, más alegres, no duran sólo un instante? con ecos de un famoso bolero, estos versos contienen la petición de detenimiento, incluso de retroceso, hasta ese instante de felicidad plena, evocado desde el recuerdo, con la nostalgia de lo perdido y el anhelo de perpetuar ese fugaz momento hasta el final de los días. ¿Recuerdan algún momento de sus vidas que les genere esa sensación? ¿un momento en el que quisieran vivir para siempre? los leo en los comentariosmás.

“Reloj”

Creí que el reloj no avanzaba
vi sus agujas detenidas
pero era yo quien se encontraba
atrapado sin salida.

En el recuerdo de tus caricias
de tus ojos frente a los míos
en la belleza de tu sonrisa
de la que ya estoy cautivo.

En los momentos de aquel día
donde te tuve tan cerca
donde me sobraba alegría
y mis penas estaban muertas.

En aquellas horas en que estuviste
entre mis brazos, feliz
cuando yo supe y tú supiste
lo que nunca pude decir.

En el sonido de tu voz
en lo profundo de tu mirada
en esas calles en que los dos
paseamos de manos tomadas.

En las miradas que por ti hablaban
en las palabras que tú pensaste
porque aunque ibas de boca cerrada
con tus ojos me las gritaste.

En lo mágico de tus abrazos
donde yo pude descubrir
atados por un fuerte lazo
dos corazones en un latir.

En las ganas que yo tenía
de quedarme en aquel momento
donde descubrí lo que sentía
y lo grande del sentimiento.

¡Reloj! retrocede el tiempo
de corazón te lo quiero pedir
déjame para siempre en aquel momento
y nunca me dejes salir.

Escrito por Cristian Caicedo el 24 de Septiembre de 2002

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